Lucía era un señora temerosa de todo un poco, tanto de la oscuridad como de las arañas y la soledad entre otras; pero de nada tanto como de las alturas. Resultaba irónico, sino gracioso o desgraciado su lugar de trabajo. El rascacielos aparecía como uno de los más altos de la ciudad, y era su responsabilidad mantener aseados las plantas superiores de la estructura carente de paredes. Ese día, se atrevió a acercarse un poco más a los bordes, no gracias a un ataque de valentía sino a un memorando. Estando a pocos centímetros de los vidrios, su curiosidad la asaltó y se apoyó sobre la escoba para mirar hacia abajo; mientras imaginaba lo horrible que sería caer desde esa altura, vio pasar frente a sus ojos una figura humana en caída libre. El asombro hizo que su cuerpo retrocediera por si solo, como queriéndose alejar de una escena que ya estaba lejos -unos metros más abajo-. Su imaginación hizo estragos de la persona que había visto y su corazón falló por la impresión de lo que había imaginado; murió al mismo tiempo que el maniquí se estrelló contra el asfalto.miércoles, 28 de septiembre de 2011
VéRtiG0
Lucía era un señora temerosa de todo un poco, tanto de la oscuridad como de las arañas y la soledad entre otras; pero de nada tanto como de las alturas. Resultaba irónico, sino gracioso o desgraciado su lugar de trabajo. El rascacielos aparecía como uno de los más altos de la ciudad, y era su responsabilidad mantener aseados las plantas superiores de la estructura carente de paredes. Ese día, se atrevió a acercarse un poco más a los bordes, no gracias a un ataque de valentía sino a un memorando. Estando a pocos centímetros de los vidrios, su curiosidad la asaltó y se apoyó sobre la escoba para mirar hacia abajo; mientras imaginaba lo horrible que sería caer desde esa altura, vio pasar frente a sus ojos una figura humana en caída libre. El asombro hizo que su cuerpo retrocediera por si solo, como queriéndose alejar de una escena que ya estaba lejos -unos metros más abajo-. Su imaginación hizo estragos de la persona que había visto y su corazón falló por la impresión de lo que había imaginado; murió al mismo tiempo que el maniquí se estrelló contra el asfalto.
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